Las modificaciones en el enfoque de la enseñanza del lenguaje apuntan a revertir años de deterioro. Cuáles son las causas y las consecuencias.
Las dificultades para la comprensión de textos y los bajos niveles interpretativos que, en general, se observan en los alumnos, fueron el punto de inicio de una restructuración en la forma de enseñar. No sólo se cambió el nombre de la asignatura –“Lengua y Literatura” pasó a “Prácticas del Lenguaje”–, sino que se modificó la forma de abordaje.
La profesora María Elena Gallardo, capacitadora en la materia Prácticas del Lenguaje del Centro de Investigación Educativa (CIE), explica que “hoy se trabaja desde un enfoque cons-tructivista, anteriormente la orientación que se seguía era el conductismo. Esto quiere decir que en la postura conductista se partía desde el fonema, es decir que se empezaba con la letra, después la sílaba, la palabra y la oración, para luego decodificarla en la lectura y la escritura, pero con este método se perdió tiempo en lo que es reflexionar sobre los hechos del lenguaje, que no es otra cosa que reflexionar sobre las partes de la oración. Hoy por hoy se parte del texto y desde su lectura se trata de que los chicos relacionen con otros textos que han leído y ahí se da la interpretación. La lectura comienza con el docente leyendo y en la voz del docente, el chico lee, aunque no conozca las letras”. Para Gallardo, el nivel de comprensión “es bajísimo y ése es un grave problema”.
A la hora de pensar el por qué de esta situación y cuáles fueron las causas que facilitaron este deterioro, hay diferentes caminos.
La psicopedagoga Mó-nica Morganti, Inspectora de Psicología Comunitaria y Psicopedagogía Social, sostiene que se ven “diferencias entre las escuelas del centro y las periféricas, pero no es una cuestión de comprensión, a veces tienen otras posibilidades que se las brinda su entorno. No es lo mismo un chico que desde que nació tuvo toda la estimulación, su familia, los libros y juguetes a su disposición para el desarrollo de su capacidad, que otro chico que a lo mejor se crió solo, y no tuvo el afecto y el acompañamiento que hubiera correspondido”.
No obstante, asegura que gracias al trabajo que se está haciendo, se pueden ver resultados alentadores: “Yo hoy vengo de una de esas escuelas periféricas, que es una de las más nuevas de Junín, que cuando surgió tenía muchos problemas de disciplina y hoy en día, por ejemplo, con el tema de la emergencia sanitaria, absolutamente todos los chicos fueron a retirar las tareas fotocopiadas y las trajeron hechas. Además, los padres retiraban los bolsones de comida pero manifestaban que les interesaba llevarse las tareas y los apoyaron muchísimo. O sea que no hay que decir que nadie acompaña, tenemos de todo”.
Sin embargo, Susana Bogey, también psicope-dagoga y Secretaria General de la Delegación Junín de SUTEBA, disiente con su colega enfatizando que ella no cree que el meollo del asunto sea “una cuestión de situación geográfica, de hecho yo provengo de una escuela periférica, como es la Nº 30. Creo que pasa por el lugar que se le da al saber, el valor social que la educación le da a la escuela, en el sentido de aquel viejo sueño de nuestros antepasados de ‘m’hijo el dotor’, y de la promoción social a través de la educación, que hoy se busca a partir de otras cosas. El lenguaje se está perdiendo no sólo en sus prácticas escritas, sino también para las prácticas cotidianas, hoy los golpes o las drogas están desplazando el valor del diálogo y de la palabra”.
En tanto, Gallardo afirma que más que una cuestión de ubicación de la escuela y de factores externos, la cuestión reside en el docente: “El tema social influye bastante, pero más allá de eso, si el maestro no está capacitado, el nivel socio-cultural no influye”.
Consecuencias
Las deficiencias en cuanto a la comprensión de textos y su interpretación tienen sus consecuentes derivaciones negativas y contraproducentes.
“El saber leer y escribir con corrección -apunta Bogey- es instrumental para comprender y estudiar otros temas. De lo contrario las consecuencias son que no pueden aprender otras cosas, que no se pueden informar a través de la prensa, que también es dificultosa su inserción social, su participación, y el ejercicio de otras libertades como la de expresión”.
Del mismo modo, Gallardo subraya que este cambio se pensó porque “cuando los chicos van a entrar a la universidad, se ve que no saben leer y escribir, por lo tanto no saben estudiar, no pueden hacer la interpretación. Porque hay que diferenciar entre comprender e interpretar, uno comprende cuando lee y relata lo que leyó, e interpreta cuando puede construir significado y relacionar a través de lo que se leyó. Como esto tiene incidencia directa en el futuro, se empieza desde el jardín de infantes, porque aunque los chicos no lean y escriban en forma convencional, ya tienen manejo de la lectura y de la escritura”.
Enseñanza y aprendizaje
El camino que llevó a esta realidad está configurado por un ida y vuelta entre las responsabilidades de educadores y educandos.
Gallardo advierte que hoy en día “el gran tema está en que por ahí hay mucha resistencia por parte de los docentes para implementar este nuevo enfoque constructivista, en el que se trabaja con el chico; nosotros hablamos de la tríada didáctica formada por el maestro, el alumno y el saber o el objeto de conocimiento, pero no exponemos el conocimiento ante el alumno, sino que tratamos de que, a partir de situaciones problemáticas, los estudiantes puedan interactuar con ese conocimiento y construirlo, siempre con la intervención docente”.
En tanto, Morganti observa que “se está poniendo mucho énfasis en la enseñanza, porque si al chico no se le enseña a leer un texto y a interpretarlo, no lográs nada; entonces todo está en la enseñanza. Para poder decir si hay o no un problema de aprendizaje, primero tenemos que estar seguros de que esos chicos están recibiendo la enseñanza que merecen”.
Conciente de que hay una retroalimentación de los factores que contribuyeron para tener este panorama, Bogey aclara que “no se resuelve diciendo ‘hay que hacer programas más exigentes’, o ‘hay que exigir más y no aprobar a cualquiera’, o alguna de estas tipi-ficaciones mecanicistas, porque es como aquel ejemplo del perro, que puede decir ‘yo le enseñé a hablar, si no aprendió es problema de él’. Tenemos que hacernos cargo de las consecuencias de este proceso con muchas improvisaciones”.
Para ello, aspira a la implementación de un plan global que incluya “la reconstrucción del rol de la escuela desde lo simbólico, que el conjunto de los ciudadanos vea a la educación como un instrumento de promoción social, o por lo menos en una promesa confiable, ya que el éxito antes estaba más ligado a estas cosas, a estudiar, trabajar, a tener una vida ordenada en función de un objetivo, y hoy el ideal social, tanto para los chicos como para los padres es otro, que debe ser algo rápido y que se mide en dinero”.
Fuente:www.diariodemocracia.com


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